Historia
agosto 19, 2026
El chiste del pis de Jason Kelce convierte la ansiedad por los centros de datos en remate
Liquid Death y Garage Beer han convertido los temores sobre el uso de agua de los centros de datos en una broma protagonizada por Jason Kelce. La campaña se apoya en un verdadero rechazo, aunque el sector afirma que muchas instalaciones usan mucha menos agua de lo que sugieren los críticos.
Jason Kelce les está pidiendo a los estadounidenses que envíen su orina por correo a centros de datos de IA, no porque nadie espere que eso ocurra, sino porque el chiste deja en evidencia hasta qué punto el problema del agua de la industria ha calado en la imaginación pública.
La campaña de Liquid Death y Garage Beer llega en un momento en que los centros de datos propuestos se enfrentan a protestas, demandas y una creciente sospecha en comunidades preocupadas por el consumo de agua, la demanda de energía, los costos de los servicios públicos y el ruido. Algunas instalaciones usan agua para refrigeración, aunque la escala varía enormemente según el sitio y la tecnología.
En el anuncio deliberadamente ridículo, Kelce parece orinar en un frasco antes de declarar: “Los centros de datos de IA desperdician millones de galones de agua”. Luego insta a los espectadores a enviar su pis al centro de datos que elijan, mientras que la letra pequeña deja claro que en realidad no deben hacerlo.1
Para las marcas, la ocurrencia es un intento de empaquetar una preocupación seria con su habitual voz absurdista. Andy Pearson, vicepresidente creativo de Liquid Death, dijo que la oposición a los centros de datos de IA se ha convertido en un terreno común poco frecuente “en todo el espectro político y cultural”. Andy Sauer, director ejecutivo de Garage Beer, adoptó un tono similar, calificando el agua como “el recurso más valioso del mundo” y afirmando que las empresas querían crear conciencia y divertirse un poco.1
Sin embargo, el chiste se apoya en una disputa real. Los desarrolladores de centros de datos dicen que utilizan una variedad de sistemas de refrigeración, incluidos diseños de circuito cerrado y sin agua, y que buscan tener en cuenta la disponibilidad local de agua. Un informe de una comisión del gobierno de Virginia citado por la industria concluyó que la mayoría de los centros de datos usan tanta agua como, o menos que, un gran edificio de oficinas, aunque reconocía que algunos consumen mucho más.1
Una segunda lectura, más escéptica, ve la campaña como publicidad en primer lugar y comentario ambiental en segundo. Un crítico describió a Liquid Death como “una empresa de marketing que ocasionalmente vende agua”, calificó la actuación de Kelce como una “obvia acrobacia publicitaria” y advirtió a los espectadores que no envíen fluidos corporales a extraños.2
Esa tensión es precisamente el punto: una canción cómica sobre el pis puede hacer que los centros de datos parezcan ridículos, pero no puede resolver la pelea, cada vez más local, sobre quién carga con los costos del auge de la IA.