Historia
agosto 22, 2026
La solución de Trump con carne barata alarma a los ganaderos que quiere salvar
Trump planea eliminar temporalmente los aranceles a la carne magra de res importada para abaratar el precio de la carne molida, pero los ganaderos y senadores republicanos dicen que la medida podría deprimir los mercados de ganado y retrasar la reconstrucción del hato que Washington dice apoyar.
La respuesta de Donald Trump al aumento de los precios de las hamburguesas es permitir la entrada de carne de res extranjera más barata. El riesgo político es inmediato: los ganaderos que forman parte de su núcleo de la coalición rural ven la intervención como una amenaza para el mismo hato que la Casa Blanca dice que quiere restaurar.
El viernes, Trump dijo que Estados Unidos permitiría la entrada sin aranceles de hasta 300.000 toneladas métricas de recortes de carne magra para la producción de carne molida durante 90 días. Dijo que los exportadores extranjeros se habían comprometido a venderla a un 25% por debajo de los precios vigentes, argumentando que el acuerdo aliviaría la presión sobre los compradores a la vez que daría espacio al hato nacional para recuperarse. Un portavoz de la Casa Blanca dijo que una orden ejecutiva seguiría en un plazo de dos semanas.1
La medida llega después de que la carne molida alcanzara un promedio de 6,89 dólares la libra en julio, alrededor de un 10% más que un año antes, mientras el hato estadounidense caía a un mínimo de varias décadas. La sequía, los altos costos del alimento y la sostenida demanda de los consumidores han ajustado la oferta; las restricciones al ganado mexicano vinculadas a una plaga devoradora de carne han añadido más presión. La administración está bajo presión para mostrar avances en asequibilidad antes de las elecciones de mitad de mandato.2
Pero el anuncio también deja al descubierto una fuerte contradicción en el argumento proteccionista de Trump. Su administración ha impuesto aranceles a Brasil, uno de los principales exportadores, pero ahora busca abastecimiento importado para contener los precios. El economista Steve Hanke calificó la lección de contundente: “los aranceles son simplemente impuestos a los consumidores estadounidenses”.1
Las asociaciones ganaderas y los republicanos rurales coinciden en que las cuentas del supermercado importan, pero sostienen que la cura podría profundizar el problema. Colin Woodall, jefe de la National Cattlemen’s Beef Association, dijo que “inundar el mercado con carne subsidiada por gobiernos, por debajo del precio de mercado, no es la forma de reconstruir el hato de ganado estadounidense”.1 La senadora por Nebraska Deb Fischer advirtió de forma similar que las importaciones podrían llegar “a expensas de los productores estadounidenses”, mientras que el senador por Montana Tim Sheehy dijo que el “corazón de Trump está en el lugar correcto”, pero que las familias ganaderas sufrirían.2
Los expertos cuestionan cuánto alivio verán realmente los compradores. Glynn Tonsor, de Kansas State, estimó el volumen propuesto en aproximadamente el 3% del consumo anual de carne de res de EE.UU.—“bastante pequeño”—, mientras que David Anderson, de Texas A&M, puso en duda que los exportadores pudieran redirigir esa cantidad de producto con tanta rapidez.2