Historia
agosto 26, 2026
La reorganización de los centros de datos de OpenAI eleva las apuestas antes de su OPV
La abrupta salida de Chris Malone de la operación de centros de datos de OpenAI se ha convertido en el último foco de tensión en medio de una rotación más amplia de ejecutivos, mientras la empresa centraliza el control, recorta proyectos y corre para convertir el enorme gasto en IA en una historia para los mercados públicos.
OpenAI está intentando vender el futuro de la inteligencia artificial mientras reorganiza a los ejecutivos encargados de construirlo. La salida de Chris Malone de la operación de centros de datos de la empresa ha puesto esa tensión de relieve de forma inusualmente nítida.
Malone se incorporó a OpenAI en marzo de 2024 tras largos periodos en Google y Meta, llegando justo cuando la compañía ampliaba la infraestructura necesaria para sus mayores ambiciones. El puesto tenía importancia más allá de los organigramas internos: OpenAI es un socio clave en Stargate, el proyecto de 500.000 millones de dólares respaldado por Trump para construir centros de datos en EE. UU. junto a compañías como Oracle, Nvidia, SoftBank y Microsoft.1
Luego llegó una reorganización más amplia. OpenAI afirma que reorganizó recientemente su grupo de infraestructura «para apoyar la escala y el ritmo de nuestro trabajo», trasladando el liderazgo al vicepresidente Sachin Katti. La empresa insiste en que mantiene «un sólido equipo de centros de datos con una profunda experiencia» y un plan claro de ejecución.1 Malone, sin embargo, se marchó la semana pasada tras perder supuestamente su línea de reporte directo con el presidente y cofundador Greg Brockman.2
Su salida se produce en medio de una llamativa racha de partidas de altos cargos. Más de una docena de ejecutivos se han ido este año, entre ellos el ex director de operaciones (COO) Brad Lightcap, la directora de ingresos (CRO) Denise Dresser, la responsable de producto y negocio Fidji Simo, y la directora de marketing Kate Rouch. Algunas salidas estuvieron relacionadas con problemas de salud, mientras que otras siguieron al cierre de proyectos o a reestructuraciones; el equipo de preparación de la empresa también fue disuelto.1
La cúpula de OpenAI presenta esta rotación como el coste inevitable de operar bajo una atención extraordinaria. Brockman ha sostenido que «cada salida se examina con un nivel de escrutinio que de otro modo no tendría».1 Pero la lectura alternativa es más dura: la autoridad se está consolidando en torno a Brockman a medida que OpenAI recorta apuestas secundarias y se inclina con más fuerza hacia productos capaces de generar ingresos.
Esa interpretación se ve alimentada por la presentación confidencial de la OPV de la compañía y el objetivo, según se informa, de cotizar en 2027. Con rivales como Anthropic defendiendo sus propias tesis para el mercado público, OpenAI necesita que los inversores crean que su enorme factura de cómputo se está convirtiendo en un negocio duradero, no en una señal de alarma. Como lo expresó un alto responsable de producto, «al final del día, todo el mundo reporta a Greg».3