Historia
agosto 29, 2026
Trump rebautiza el lago Ontario, pero Canadá se niega a seguirle el juego
Trump ordenó a las agencias de Estados Unidos llamar al lago Ontario “Lago América” mientras aumentaban las tensiones comerciales con Canadá. Líderes canadienses y la gobernadora de Nueva York rechazaron el cambio, subrayando que Washington no puede imponer el nombre del lago más allá de su propio gobierno.
Donald Trump ha abierto un nuevo frente en su choque con Canadá, no en la frontera ni en el registro arancelario, sino en el mapa. Su orden de rebautizar el lago Ontario como “Lago América” es oficial para las agencias estadounidenses, pero carece de poder para hacer que Canadá la acepte.
La medida siguió al colapso de las conversaciones entre Estados Unidos y Canadá y a la imposición por parte de Washington el fin de semana de aranceles del 50% sobre 20.000 millones de dólares en productos canadienses. Canadá respondió con aranceles sobre 20.000 millones de dólares en productos estadounidenses, desde acero y lácteos hasta electrodomésticos y maquinaria agrícola.1
El jueves, Trump firmó una orden ejecutiva que instruye al Departamento del Interior a modificar el nombre en el servicio federal de denominación geográfica. Flanqueado por mapas que etiquetaban el lago como “Lago América” y prometiendo hacer los Grandes Lagos “aún más grandes”, declaró el cambio “oficial, efectivo de inmediato”. La propia orden concede a las agencias hasta 30 días para llevarla a cabo.1
Trump insistió en que la medida no pretendía ser un mensaje geopolítico, aun cuando la vinculó a sus antiguas quejas sobre la política comercial y militar canadiense. “Canadá nos ha estado estafando durante mucho tiempo”, dijo, retomando su sugerencia de que el aliado de Estados Unidos debería ser tratado como un estado.1
La respuesta de Canadá fue contundente y arraigada en la historia. El primer ministro Mark Carney señaló que el nombre es anterior tanto a la Confederación Canadiense como a la Declaración de Independencia de Estados Unidos, y escribió que los canadienses saben que “nombrar la realidad significa llamarlo lago Ontario —entonces, ahora y siempre”.1 El primer ministro de Ontario, Doug Ford, y el primer ministro de Nueva Escocia, Tim Houston, desestimaron el asunto calificándolo, respectivamente, de disparate permanente y de “auténtica estupidez”.1
La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, cuyo estado comparte el lago, dejó claro que la resistencia no se limitaba a Canadá: “Nueva York no lo llamará así”.1 Washington puede determinar su propia terminología oficial, pero ninguna autoridad internacional de denominación —ni ninguna orden presidencial— puede obligar a su vecino a redibujar sus mapas.
Trump insinuó que la campaña podría continuar: después de rebautizar el golfo de México como el “Golfo de América” el año pasado, dijo que Estados Unidos ahora tenía “un golfo y ... un lago”, y que solo faltaba “un océano”.1