Historia
agosto 30, 2026

La apropiación petrolera de Venezuela por parte de Trump promete influencia, pero provoca una reacción política adversa

Washington afirma que su previsto control mayoritario de una empresa petrolera venezolana podría recuperar el suministro y atraer inversión. Las facciones venezolanas y analistas escépticos ven un acuerdo vulnerable a un giro político y a años de riesgo operativo.

Washington presenta su prevista empresa petrolera venezolana como una vía hacia nuevo suministro e inversión; los opositores políticos venezolanos la ven como una intromisión en los recursos nacionales, mientras los analistas cuestionan si un acuerdo construido sobre terreno inestable puede perdurar.

La confrontación comenzó con el anuncio del presidente Donald Trump de que Estados Unidos tomaría el control de 65.000 millones de barriles de reservas petroleras venezolanas, una cifra superior al total de las reservas probadas de Estados Unidos. La afirmación se produjo en un momento en que los altos precios de la gasolina y una reducida reserva estadounidense de crudo reforzaban el argumento de la administración para asegurar suministro adicional.

Según el acuerdo descrito por un funcionario estadounidense, la presidenta interina venezolana Delcy Rodríguez concedió a una empresa privada un arrendamiento de 100 años sobre yacimientos de primera categoría. Washington controlaría el 55% de la producción efectiva de la empresa mediante participación accionaria y producción, mientras que un operador privado venezolano mantendría el resto. Rodríguez afirmó que el plan podría atraer más de 100.000 millones de dólares en inversión y generar 209.000 millones de dólares para el Estado venezolano; el funcionario dijo que la producción futura podría ayudar a reponer la Reserva Estratégica de Petróleo.

El acuerdo llega tras años de colapso en la industria petrolera de Venezuela. La producción ha caído a aproximadamente 1,1 millones de barriles diarios desde un máximo de 3,5 millones hace más de dos décadas, lo que significa que cualquier reactivación seria requeriría una inversión enorme, infraestructura operativa y grandes petroleras dispuestas a arriesgar un regreso tras nacionalizaciones anteriores. Se informó que Chevron, Halliburton y Eni estaban evaluando o buscando roles ampliados.

Pero la propuesta ha unido a críticos de todo el espectro político venezolano en su condena, lo que subraya el escaso consenso interno que rodea a un proyecto presentado por Washington como una victoria para la seguridad energética. Dean Baker, del Center for Economic and Policy Research, resumió la duda más amplia: «si Venezuela llega alguna vez a tener algo parecido a un gobierno democrático, lo primero que hará será tirar el acuerdo de Trump por el inodoro». El premio inmediato pueden ser barriles sobre el papel; la pregunta más difícil es si la base política sobrevive el tiempo suficiente para bombearlos.