Historia
septiembre 5, 2026
Apple afirma que OpenAI dejó desaparecer pruebas clave en su guerra por el hardware de IA
Apple presenta la disputa como una carrera para preservar pruebas de secretos de hardware robados, mientras que OpenAI afirma que la demanda refleja los débiles controles de Apple sobre la salida de empleados y su ansiedad ante una rivalidad en IA cada vez más feroz.
La disputa comenzó como una asociación. En junio de 2024, Apple y OpenAI anunciaron planes para incorporar ChatGPT en el iPhone, iPad y Mac, y Sam Altman lo calificó como una forma de hacer que la IA fuera más accesible para los usuarios de Apple.1
Para mayo de 2025, la relación había cambiado. La compra por 6.400 millones de dólares de la startup de hardware io, de Jony Ive, por parte de OpenAI llevó al creador de ChatGPT directamente a un terreno que Apple ha dominado durante mucho tiempo. Apple demandó entonces en julio, alegando que OpenAI y ex empleados de Apple se habían llevado secretos comerciales para desarrollar hardware de IA para consumidores; OpenAI negó conocer pruebas que respaldaran esa afirmación y defendió el derecho de los trabajadores a cambiar de empleo.1
El choque judicial se intensificó en agosto. Apple solicitó una medida cautelar preliminar el 3 de agosto, y OpenAI pidió la desestimación dos días después, argumentando que el caso era en realidad un intento de desviar la atención de las dificultades de Apple para retener ingenieros y competir en IA. En su respuesta, OpenAI calificó la disputa de “un lío creado por la propia Apple” y dijo que Apple no podía convertir “procedimientos descuidados” en responsabilidad para otros.1
La última presentación de Apple desplaza el argumento de la competencia a la preservación. La empresa afirma que OpenAI no entregó una MacBook utilizada por el ex empleado Chang Liu hasta el 21 de agosto, a pesar de tenerla en su posesión desde el inicio de la demanda. Apple afirma que su inspección determinó que Liu había descargado un esquema de circuito confidencial y lo había utilizado en OpenAI, junto con mensajes que trataban sobre la necesidad de restaurar y comenzar a usar dispositivos propiedad de Apple después de enterarse de una investigación interna.2
Apple sostiene que eso crea un “riesgo muy real de destrucción de pruebas”, porque los registros, metadatos y datos de uso pueden sobrescribirse o perderse. Busca una fase acelerada de presentación de pruebas antes de que desaparezcan esos rastros forenses. OpenAI rechaza la premisa: afirma que no hay pruebas de que Liu obtuviera información de Apple de forma indebida ni de que tuviera un propósito inapropiado, e insiste en que él “no tiene ningún uso para la información confidencial de Apple”.2
Hay una audiencia programada para el 1 de octubre. La cuestión inmediata ya no es simplemente si los secretos cambiaron de manos, sino si el rastro digital sobrevivirá el tiempo suficiente para que cualquiera de las partes demuestre su versión.