Historia
septiembre 5, 2026
El traslado de oro neerlandés desde Nueva York pone bajo la lupa la confianza en los refugios seguros
El banco central neerlandés presenta el traslado de su oro como una planificación ante crisis en un mundo más volátil, mientras los observadores del mercado consideran la decisión una prueba contundente de la confianza en el estatus de Estados Unidos como refugio financiero seguro.
Entre marzo y agosto, De Nederlandsche Bank trasladó discretamente 86 toneladas de oro almacenadas en Nueva York y Ottawa a Londres. El banco confirmó la operación a posteriori, vinculándola con la «creciente agitación geopolítica» y la necesidad de que sus reservas pudieran utilizarse más fácilmente en una emergencia.1
Para DNB, se trataba principalmente de una cuestión de rapidez de movilización, no de una retirada total de Norteamérica. El oro custodiado en el Banco de Inglaterra, afirmó, se «considera el oro más fácilmente negociable del mundo», una ventaja práctica cuando un banco central necesita actuar con rapidez. El profundo mercado de lingotes de Londres ofrece una vía más clara hacia la liquidez que las reservas neerlandesas que antes se mantenían al otro lado del Atlántico.
El traslado fue considerable, pero no absoluto. Los Países Bajos aún mantienen el 18,5 % de sus reservas de 612 toneladas en Nueva York y Ottawa. Y, en lugar de transportar físicamente la mayoría de los lingotes a través de las fronteras, DNB vendió en gran medida oro almacenado en Estados Unidos y compró lingotes de sustitución más cerca de casa.
Aun así, el momento ha intensificado la interpretación política y financiera de lo que, de otro modo, podría parecer una gestión rutinaria de reservas. El economista de UBS Paul Donovan calificó el esfuerzo por mejorar la liquidez del oro como un «comportamiento no normal», y sostuvo que el impacto en el mercado podría ser insignificante, pero que el mensaje sobre la confianza es más difícil de ignorar. En su opinión, que un banco central conservador traslade su activo más seguro lejos de Nueva York arroja una luz cruda sobre la reputación internacional de Estados Unidos.
Esa interpretación cobra fuerza mientras Washington lidia con elevados costes de endeudamiento, tensiones en el mercado de bonos del Tesoro y una deuda nacional superior a los 40 billones de dólares. Francia ya había reducido en marzo sus reservas de oro mantenidas en Nueva York, aunque citó la pureza en lugar del riesgo geopolítico. La justificación de DNB es más explícita: en un mundo convulso, Londres es donde el oro neerlandés puede moverse más rápido, y ese cálculo inevitablemente suscitará preguntas sobre lo que Nueva York ya no garantiza.