Historia
septiembre 8, 2026
La amenaza de Trump contra Bombardier choca con su presencia estadounidense
Trump presenta el acceso al mercado como una prueba de si Bombardier fabrica en Estados Unidos, mientras que la empresa y un senador republicano sostienen que sus empleos, proveedores e instalaciones ya existentes en el país hacen que ese panorama sea mucho más complejo.
El lunes, el presidente Donald Trump intensificó su confrontación comercial con Canadá al apuntar contra Bombardier, declarando que al fabricante aeroespacial canadiense ya no se le debería permitir vender aeronaves en Estados Unidos a menos que las fabrique allí. «¡NO MÁS VENTAS DE BOMBARDIER EN ESTADOS UNIDOS!», escribió Trump, acusando a la empresa de tratar a Estados Unidos como una «alcancía».1
La amenaza llegó en vísperas de los aranceles de represalia previstos por Canadá sobre aproximadamente 20.000 millones de dólares en productos estadounidenses. Las medidas de Ottawa, que abarcan más de 700 productos, fueron diseñadas para igualar los últimos gravámenes del 50 % de Trump sobre importaciones canadienses, incluidos el vino, el cemento y los palos de hockey. El secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, dijo que Canadá había descarrilado un acuerdo casi concluido «solo por razones políticas»; el primer ministro Mark Carney afirmó que las conversaciones podrían reanudarse «cuando los estadounidenses estén listos».1
La respuesta de Bombardier no fue una refutación general del argumento proteccionista de Trump, sino un recuento concreto de sus vínculos estadounidenses. La empresa afirmó que emplea directamente a trabajadores en más de 20 estados, opera instalaciones en 10 —incluidos California, Texas y Arizona— y utiliza motores, aviónica y otros sistemas clave fabricados en Estados Unidos. También planea una instalación en Fort Wayne, Indiana, y una mayor expansión en defensa y servicios. «Bombardier valora su gran asociación con empresas estadounidenses y a sus empleados en Estados Unidos», dijo la compañía.1
Ese argumento encontró un aliado improbable en el senador republicano Jerry Moran, de Kansas, quien afirmó que la presencia de Bombardier en Wichita respalda a más de 1.000 trabajadores locales y que se había puesto en contacto con Trump para recalcar su importancia.1
El choque también se extendió al clima político más amplio en torno a Canadá. Yann LeCun volvió a publicar un mensaje que alegaba que Trump había compartido un mapa que mostraba a Canadá, Groenlandia y México como parte de Estados Unidos, una afirmación no verificada en redes sociales que reflejaba el tono cada vez más incendiario que rodea la disputa.
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Para Trump, el asunto es una exigencia tajante de más producción manufacturera estadounidense. Para Bombardier y sus defensores, la cuestión más difícil es si una empresa ya integrada en fábricas y cadenas de suministro estadounidenses puede ser tratada como una extranjera.