Historia
septiembre 11, 2026
La recompra de 6.000 millones de dólares de Bessent no logra enfriar la fiebre del mercado de bonos
El veredicto del mercado fue contundente: los inversores consideraron que la recompra del secretario del Tesoro Scott Bessent era demasiado débil para aliviar la presión, mientras que la venta masiva más amplia sugirió que el problema ya se había extendido más allá del alcance inmediato de Washington.
El esfuerzo del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de recomprar bonos por aproximadamente 6.000 millones de dólares pretendía ofrecer al mercado cierta medida de respaldo. En cambio, la reacción inmediata puso de manifiesto la inquietud de los inversores: los rendimientos de los bonos del Tesoro se dispararon, ya que el plan «decepciona a los inversores».1
El revés rápidamente pasó a considerarse como algo más que una mala jornada de negociación. Otro relato describió a Bessent como incapaz de romper la «fiebre» en el mercado de bonos estadounidense, una evaluación contundente de que la intervención no había cambiado el ambiente subyacente de presión y escepticismo.2
Esa ansiedad luego chocó con un movimiento global más amplio. Una renovada venta masiva de bonos acompañó un salto del petróleo a 109 dólares, añadiendo otra fuente de tensión para unos mercados de renta fija ya sacudidos por el aumento de los rendimientos.3
El hilo conductor es claro: la recompra no convenció a los inversores de que la tensión del mercado se hubiera contenido. Mientras que la operación del Tesoro fue juzgada por su limitado impacto por sí sola, la venta masiva global mostró cuán rápidamente las preocupaciones podían verse amplificadas por shocks más amplios sensibles a la inflación, incluidos unos precios de la energía más altos.