Historia
septiembre 15, 2026
Altman afirma que OpenAI debe demostrar que puede controlar la IA antes de una OPI
La postura de Altman es que las obligaciones de seguridad de OpenAI deben prevalecer sobre el atractivo de una salida a bolsa espectacular: la empresa dice que necesita margen para pausar y probar sistemas potentes, mientras la OPI aplazada deja a los inversores y a San Francisco esperando la recompensa económica.
OpenAI había presentado confidencialmente una solicitud para una OPI en junio, pero no se había comprometido con un calendario, una situación que mantenía vivas las expectativas de uno de los mayores debuts bursátiles de Silicon Valley. Esa perspectiva ahora parece firmemente aplazada. 1
En una entrevista con Fortune publicada el sábado, el director ejecutivo Sam Altman dijo que una oferta este año sería la prioridad equivocada mientras los laboratorios afrontan los riesgos planteados por una IA cada vez más capaz. «Ahora mismo sería un momento desacertado para salir a bolsa», afirmó. Al preguntársele si eso descartaba 2026, Altman respondió: «Yo diría que no en 2026. Sí, tenemos muchas cosas que hacer». 1
Su argumento no es simplemente que OpenAI necesite más tiempo para desarrollar productos. Es que la empresa necesita margen para frenar. Altman dijo que OpenAI había debatido pausar las fases de entrenamiento cuando los modelos alcanzan nuevos niveles de capacidad, permitiendo a los investigadores avanzar en el trabajo de seguridad y alineación antes de seguir adelante. «Haremos más de eso en el futuro», afirmó. 1
La advertencia es inusualmente contundente viniendo del líder de la empresa que impulsa gran parte del auge de la IA. Altman dijo que era «absolutamente» posible construir una IA más allá del control humano, al tiempo que prometió que OpenAI actuaría para impedirlo, incluso si eso implicaba detener el entrenamiento. «Hay riesgos que no deberíamos poder asumir en nombre de la humanidad», afirmó. 2
Eso sitúa a OpenAI más cerca de otras voces de laboratorios de frontera que piden moderación, incluido el jefe de Anthropic, Dario Amodei, que de una simple narrativa de carrera por la escala. Altman dijo que la empresa no debería entrenar sistemas a menos que pueda presentar un caso de seguridad creíble sobre su controlabilidad y alineación. 1
Para los inversores, los empleados y San Francisco, la consecuencia práctica es el retraso: una posible ganancia extraordinaria sigue siendo privada mientras OpenAI prueba si su misión puede coexistir con modelos lo bastante potentes como para desafiar la supervisión humana. La conclusión de Altman fue clara: OpenAI debe conservar la capacidad de tomar decisiones «que no sean obviamente en interés de nuestro negocio y nuestros accionistas». 1