Historia
septiembre 20, 2026

La cena de Trump con Xi convierte a los líderes tecnológicos en su acto de equilibrio con China

La cena refleja un giro drástico: Trump combina una postura pública más cálida hacia Xi Jinping con una sala llena de ejecutivos cuyas empresas dependen tanto del poder estadounidense como de los mercados chinos. Mientras tanto, los críticos sostienen que el mismo enfoque transaccional está tensionando las alianzas de Estados Unidos más allá de Pekín.

Donald Trump construyó su primera campaña presidencial sobre una contundente acusación contra China, argumentando que Pekín había vaciado las fábricas estadounidenses y debilitado a la clase media. Ese mensaje lo ayudó a llegar a la Casa Blanca hace una década.

Ahora surge un panorama marcadamente distinto. El jueves, Trump tiene previsto recibir al presidente chino Xi Jinping en una cena de Estado en la Casa Blanca, brindando a un rival geopolítico la mayor bienvenida ceremonial que Washington puede ofrecer. El cambio no es meramente estilístico: Trump ha hablado cada vez más de Xi en «términos elogiosos», según un relato sobre la evolución del presidente.

La lista de invitados subraya lo que está en juego comercialmente. Se espera que el director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, asista junto a Tim Cook de Apple y Sam Altman de OpenAI, reuniendo a algunos de los intermediarios de poder más trascendentales del sector tecnológico en una cena centrada en las dos mayores economías del mundo. Para Cook, el encuentro llega mientras asume un papel más explícito en la relación de Apple con la Casa Blanca de Trump, ya que las cadenas de suministro y las ventas de la empresa están profundamente expuestas a China.

Los partidarios pueden interpretar la velada como una diplomacia pragmática: un presidente que utiliza el acceso, la ceremonia y la influencia empresarial para gestionar a un competidor formidable. Los críticos ven un giro más suave y transaccional por parte del candidato que una vez convirtió a China en un adversario definitorio.

Ese escepticismo se extiende a la postura más amplia de Trump en política exterior. En una crítica republicada, el defensor de los derechos humanos Ken Roth afirmó que la presión de Trump había empujado a Canadá hacia Europa y lo acusó de intentar intimidar a los gobiernos europeos con amenazas arancelarias; una conducta «aterradora», sostuvo Roth, por parte de «el funcionario más poderoso del mundo».

La cena con Xi, por tanto, ofrece más que pompa. Es una prueba de si la diplomacia personal de Trump y la presencia de Silicon Valley pueden reconciliar prioridades contrapuestas: confrontar a China, cortejar a su líder y proteger los intereses empresariales sentados a la mesa.